Descripción
Mini pizzas sin masa, sin horno y listas en 15 minutos. La idea es muy simple: rodajas gruesas de calabacín bien doradas, una capa fina de tomate, mozzarella fundida, orégano y un toque final de aceite de oliva. Quedan ligeras, sabrosas y con ese punto de antojo salado que apetece para cenar rápido, picar algo o improvisar con lo que tienes en la nevera. El truco más importante está en dorar primero el calabacín solo. Si añades el tomate desde el principio, el calabacín suelta agua y se cuece en vez de quedar dorado. Córtalo en rodajas gruesas, sécalo bien con papel de cocina y márcalo en sartén 2 minutos por cada lado antes de ponerle la salsa y el queso. Para que no queden aguadas, usa tomate frito espeso o passata reducida, y pon poca cantidad encima de cada rodaja. La mozzarella rallada funciona mejor que la fresca porque funde rápido y suelta menos líquido. Después solo tienes que tapar la sartén 2 o 3 minutos a fuego bajo hasta que el queso se funda. Puedes dejarlas básicas con tomate, queso y orégano, o hacerlas más completas con atún, jamón cocido, aceitunas, pepperoni, maíz, albahaca fresca o un toque de chile seco. También quedan muy bien con un poco de parmesano rallado al final para darles más sabor. Perfectas para cuando quieres algo con sabor a pizza, pero más rápido, más ligero y sin complicarte.