Descripción
Una receta fácil, fresca y con pinta de restaurante, pero lista en 15 minutos. El truco está en cocinar el calabacín a fuego medio-alto para que quede bien dorado por fuera y no aguado. Después va sobre una crema de ricotta con limón, miel, aceite de oliva, sal y pimienta, que le da ese contraste cremoso, fresco y ligeramente dulce. Los pistachos aportan textura, la ralladura de limón levanta todo el sabor y las hierbas frescas hacen que el plato quede mucho más aromático. Es perfecta como cena ligera, entrante bonito, acompañamiento o plato rápido para esos días en los que quieres algo sencillo pero con estética premium. Tip importante: seca bien el calabacín antes de cocinarlo y no lo muevas demasiado en la sartén. Así se marca mejor y queda con ese punto dorado que cambia totalmente la receta.