Descripción
Una sopa fría andaluza de almendra, pan, ajo y aceite de oliva, con una textura sedosa y un sabor delicado. Se sirve bien frío y se termina con uvas blancas, almendra y unas gotas de aceite, que aportan contraste, frescor y un acabado sencillo pero elegante. Raciones: 4 Tiempo activo: 15 minutos Tiempo total: 1 hora y 15 minutos Dificultad: fácil Utensilio clave: batidora potente Alérgenos: almendra y gluten La base del ajoblanco son las almendras crudas peladas. Conviene evitar las tostadas porque aportarían un sabor más intenso y oscurecerían el color. Para que se trituren mejor, puedes dejarlas cubiertas con agua durante varias horas o desde la noche anterior, especialmente si tu batidora no es muy potente. Remoja el pan durante unos cinco minutos y escúrrelo ligeramente. Debe quedar húmedo, pero no empapado. Un pan blanco del día anterior, con buena miga y poca corteza, aporta cuerpo sin convertir la sopa en una crema pesada. Tritura primero las almendras con el pan, el ajo, la sal y el vinagre hasta obtener una base uniforme. Utiliza un diente de ajo pequeño y retira el germen central para conseguir un sabor más suave. Es preferible quedarse corto al principio, ya que el ajo se percibe con más intensidad después del reposo. Incorpora el aceite de oliva poco a poco mientras continúas triturando. Este paso ayuda a emulsionar la mezcla y consigue una textura más fina y untuosa. Añade después el agua muy fría de forma gradual: comienza con 500 mililitros y reserva el resto para ajustar la consistencia al final. El punto correcto es cremoso, pero ligero y fácil de beber con cuchara. Si queda demasiado espeso, añade agua fría de cucharada en cucharada. Si queda excesivamente líquido, tritura unas almendras adicionales con una pequeña cantidad de la sopa y reincorpóralas. Colarlo es opcional. Con una batidora potente puede servirse directamente, pero pasarlo por un colador fino proporciona un acabado más delicado y elimina posibles restos de piel o almendra sin triturar. Déjalo reposar en la nevera durante al menos una hora. El frío suaviza la acidez y permite que la almendra, el ajo y el aceite se integren mejor. Antes de servir, remuévelo y pruébalo de nuevo: quizá necesite un poco más de sal, unas gotas de vinagre o un pequeño ajuste de agua. Sírvelo con uvas blancas sin semillas, cortadas por la mitad, almendras picadas o laminadas y un hilo fino de aceite de oliva virgen extra. También admite pequeños dados de melón como alternativa más dulce, aunque las uvas mantienen el acabado más clásico. Se conserva hasta dos días en la nevera, dentro de un recipiente bien cerrado. Es normal que se separe ligeramente durante el reposo; basta con removerlo enérgicamente o triturarlo unos segundos antes de servir. No es una receta especialmente adecuada para congelar, ya que la emulsión puede perder suavidad al descongelarse. Funciona muy bien como primer plato, entrante de verano o aperitivo servido en vasos pequeños. Acompañado de una ensalada fresca y unas tostadas, se convierte en una comida ligera, completa y especialmente agradable en los días de calor.